La adelantada civilización japonesa

Hace algunas semanas, y organizado por la Comisión Japonesa para la Conmemoración del Quinto Centenario, y presidido por el señor Rokuro Ishikawa, se celebró en Madrid un Simposio, con participación de nipones e hispanos, bajo el título genérico Hacia una Nueva Civilización. 

En una de las sesiones del encuentro, en el que entre otras personas tuvimos ocasión de intervenir el director de este periódico y yo mismo, se empezó por recordar las viejas relaciones entre España y Japón. Inevitablemente, surgió la referencia al viaje de Colón, que estaba destinado a alcanzar las costas de Cipango y Katay.

Como también se evocó la figura extraordinaria de San Francisco Javier, que en 1549 arribó al legendario Imperio del Sol Naciente, en el prolegómeno de unas relaciones hispanojaponesas que se vieron muy activadas con la fundación de Manila en 1571; y que mantuvieron su vigencia hasta bien entrado el siglo XVII, cuando Japón suspendió sus relaciones exteriores, excepto con Holanda, cerrando así durante 250 años los puertos del país a todos los demás contactos con el exterior. En el Simposio, tuvimos ocasión de escuchar al embajador japonés en Madrid, Tatsuo Yamaguchi, al presidente de la Nissan, Yutaka Kume, y al conocido niponólogo norteamericano Ezra F. Vogel, profesor de la Universidad de Harvard: quien se expresó de la manera más fluida, en idioma japonés.

Todas esas intervenciones estuvieron marcadas por un realismo poco frecuente, que puso de relieve las grandes potencialidades económicas que están por materializarse en el archipiélago asiático, para seguir ascendiendo en el ránking económico mundial, en el que, como país, ya sólo queda por delante EEUU. Igualmente, se subrayó el déficit político, es decir, la insuficiente presencia japonesa en los asuntos de alcance mundial, muy por detrás de lo que representa el enorme poderío industrial y comercial acumulado.

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