03 marzo 2012

Madrid sobre ruedas

Parque del Retiro, en el inicio del Paseo de Coches. A las cinco de la tarde de un día entre semana cualquiera, en apenas 60 minutos un total de 74 personas de todas las edades se adueñan del asfalto, parapetadas sobre los más variados artilugios sostenidos sobre ruedas.

Conforme avanza la tarde, aumenta el número. Como ellos, miles de personas toman cada día la ciudad y se desplazan por ella, camino de sus trabajos o por ocio, subidos en un sinfín de modelos de patines, de todas las formas y colores.

Son los madrileños sobre ruedas, los vecinos que van consolidando así una opción de ocio que cada vez cuenta con más adeptos en Madrid. 

«En los años 80 [del pasado siglo] ya se registró una gran demanda de patines en Madrid. Pero lo que está pasando ahora es mucho mayor, es un verdadero boom de patinadores en la ciudad», ilustra Luis Jiménez, propietario de la tienda El patín de oro (Paseo de los Pontones, 17), un referente a nivel nacional para los aficionados. 
Y no sólo para los españoles. Francisco, un joven chileno, ha programado una visita al establecimiento en su periplo vacacional por Europa. «Aquí se encuentran los mejores patines para hockey. Madrid es la cuna y una referencia en este deporte para todo el mundo», sentencia mientras se pasea en la tienda probándose unos patines que le acompañarán ya durante su aventura europea. 

«Este despertar del patinaje en Madrid creo que será más duradero que el de otros momentos en los que también ha habido un gran número de aficionados. La diferencia es que ahora el patinaje se considera una actividad útil para mejorar y conservar la salud, no sólo un entretenimiento», explica Jiménez. 
Diversión, deporte, capricho... No hay rincón mínimamente apto para el patinaje que quede al margen de los madrileños sobre ruedas. Los más conocidos, además del Retiro, son algunos emplazamientos de Madrid Río, el parque del Oeste y otros pequeños espacios acondicionados en el parque de la Bombilla, el anillo verde y el conocido como parque Anfevi o parque de los Patines (Moratalaz), entre otros. 

En todos estos lugares, el que cuenta con más adeptos es el patinaje 'fitness', o de ruta, con patines en línea. «Su despegue en los últimos años en Madrid ha sido brutal. Es el que interesa a todos los que se quieren mantener en forma, hacer algo de deporte o divertirse. Muchos corredores se han pasado a esta modalidad porque hace menos daño a las articulaciones al no haber impacto del pie contra el suelo», explican los expertos de El patín de oro. 
Y es por eso que madrileños de todas las edades se suben a esta ola. «Prácticamente, no hay límites. En torno a nuestro negocio se mueve un club de aficionados con socios de hasta 80 años», explica Jiménez. 

«No importa la edad, lo importante es aprender bien. Yo aconsejo que se haga con un monitor, porque si aprendes mal luego es difícil corregir tu estilo. Además, las clases son muy baratas», explican en la emblemática tienda madrileña. 

Una vez que se domina la técnica... no todo es patinar. «El éxito del patinaje en Madrid se da porque en esta ciudad tan grande y tan despersonalizada, además de aprender a sostenerte sobre ruedas vas creando amistades que son para siempre, porque te une a ellos el gusto por este deporte», refiere Naira, que lleva dos años en Madrid y para quien esta actividad ha supuesto un cambio total de vida. «Antes apenas salía de casa, porque no conocía a nadie. Ahora, apenas entro en casa», asegura entre risas. 
Quienes también han hecho de la ciudad su casa son los aficionados al patinaje agresivo. «A pesar del nombre, no se trata de hacer daño a nadie, sino de llevar la técnica hasta el límite», aclaran varios jóvenes que lo practican. Rampas, maniobras, saltos mortales, deslizamientos por barandillas y sobre mobiliario urbano... 

«No somos los malos de la ciudad, y no vamos destrozando cosas por ahí. La mayoría de veces practicamos en circuitos cerrados o en zonas acotadas», explican. «Pero da igual, la gente no nos mira con buenos ojos. Es como si las abuelas pensaran que somos unos rompetobillos», sentencia uno de ellos. 

Con mejor fama, aunque no con menos intensidad, los aficionados al hockey sobre patines se adueñan de parte del Retiro y de otros parques de la ciudad todos los fines de semana. También de las pocas pistas que existen en la Comunidad. «Hay casi tantas licencias de patinadores de hockey en Madrid como de patinaje artístico. Cada vez nacen más grupos. Ya se ha creado hasta una liga local», explica Luis Jiménez, quien confirma una gran demanda del calzado adecuado para la ocasión. «Patines de cuatro ruedas agrupados de dos en dos», concreta. 

También apurando al máximo las posibilidades de hacer piruetas, cada día se apostan bajo la Estatua del Ángel Caído, en el Retiro, y últimamente en Sol, entre otros enclaves, los aficionados al patinaje de eslalon. El reto es sortear unos conos (valen 10 euros) puestos en el suelo, con el mejor ritmo posible. «Me he pasado a esta modalidad porque es muy entretenida, tiene mucho de baile. Las figuras coreanas son las más complicadas, porque se trata de ir sobre dos ruedas sorteando los obstáculos», explica Ignacio. «Aquí no hay lecciones, nos enseñamos unos a otros», aclara. 
A 45 kilómetros por hora 

Menos numerosos, pero muy perseguidos por las cámaras de los turistas, las calles y parques de Madrid son también circuitos de patinaje de velocidad. «Vamos a una media de 45 km/h. De ahí la dificultad de encontrar lugares adecuados para practicar. No podemos ir por las aceras, no podemos ir por el asfalto... Todo son problemas», se queja una pareja de mediana edad en el Retiro. 

Sin patines, pero también patinadores. Así se consideran a sí mismos los aficionados al 'long board', el patinaje sobre una tabla de monopatín de una longitud superior a lo habitual. «Vas más rápido, con más sensaciones, sobre todo en los giros y en los descensos. Cuando giras es flipante», asegura Rafa, quien practica la modalidad desde hace tres años. A sus 35 años, Nuria es una de las pioneras en España. «Hace ocho años tuvieron que traerme la tabla desde Canadá porque aquí no habían. Me ha enganchado el tema. Te cambia la vida», asegura. 

Una tabla de long board de calidad media puede adquirirse desde 300 euros, explican en Ufo Longboards (calle de Ave María, 3). 
Por último, y ya en la cumbre del esfuerzo sobre ruedas, se ubican los aficionados al 'roller ski', la modalidad de secano que imita al esquí de fondo. Nicolás avanza por el Retiro a 40 km/h tras participar en el campeonato del mundo para veteranos. «Es una práctica magnífica, que exige mucha resistencia y en la que se trabajan todos los grupos musculares», explica entre jadeos el patinador, que pertenece al Club Rivas de Esquí de fondo. 

Atardece en el paseo de Coches del Retiro. Muchos aficionados recogen el material con la llegada de las sombras. Otros incorporan unas luces de posición adosadas a su cuerpo. «Y ahora a ver si conseguimos llegar patinando a casa. Es difícil porque peatones y conductores nos miran con mala cara. Pero veremos...», afirma Nico, uno de los miles de madrileños sobre ruedas.

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