El Mercedes 300 SL Speedster que parece de los años 50 pero esconde un AMG debajo de la piel

 Hay coches clásicos que se restauran hasta el último tornillo.

Y después hay gente que contempla uno de los Mercedes más bellos de todos los tiempos y piensa:

“Está muy bien, pero podríamos bajarlo todavía más.”

De esa filosofía nació una de las reinterpretaciones más espectaculares del Mercedes-Benz 300 SL.

Un Speedster bajísimo, exageradamente ancho y con la apariencia de un deportivo de los años cincuenta que, debajo de la carrocería, esconde algo bastante más moderno.

Porque este coche tiene truco.

Mucho truco.

mercedes 300 sl

Parece un Mercedes 300 SL, pero técnicamente no lo es

Lo primero que conviene aclarar es que no estamos ante un valiosísimo 300 SL original al que alguien haya decidido cortar el techo.

Eso habría sido una forma bastante eficiente de provocar un infarto colectivo entre los coleccionistas.

El proyecto realizado en California parte de un Mercedes-Benz SLK 32 AMG de 2002, cuyo chasis sirve de base para crear una carrocería inspirada en el mítico 300 SL de los años cincuenta.

La elección no es casual.

Sorprendentemente, la batalla del SLK encaja muy bien con las dimensiones del 300 SL.

Sobre esa estructura se construyó una nueva carrocería realizada fundamentalmente en fibra de vidrio.

Así podían conseguir la estética del clásico sin sacrificar un auténtico 300 SL cuyo valor puede alcanzar cifras desorbitadas.

Una decisión sensata.

Dentro de lo poco sensato que resulta todo este coche.

La receta consiste en coger los años 50 y añadirles esteroides

El diseño conserva inmediatamente reconocibles algunos elementos del Mercedes original.

La enorme estrella en el frontal.

La parrilla.

Los faros redondos.

El interminable capó.

Y esas proporciones de deportivo clásico que parecen dibujadas cuando la aerodinámica todavía no obligaba a que todos los coches tuvieran aproximadamente la misma forma.

Pero después empiezan las modificaciones.

Los pasos de rueda son muchísimo más anchos.

La carrocería queda pegada prácticamente al suelo.

El parabrisas es diminuto.

Y las ruedas llenan completamente los enormes pasos de rueda.

El resultado es algo parecido a imaginar qué habría ocurrido si Mercedes hubiera fabricado un 300 SL Speedster para una película ambientada en 1955 pero rodada en 2026.

coche mercedes bonito

Hasta el parabrisas viene de Porsche

Aquí empieza una de esas historias maravillosas que solo ocurren en coches personalizados.

Para conseguir esa silueta tan baja se utilizó un parabrisas inspirado en el del Porsche 356 Speedster.

Sí.

Un Mercedes inspirado en los años cincuenta.

Construido sobre un SLK AMG de 2002.

Con detalles de Porsche.

Hay menos mezcla de nacionalidades en algunas cumbres europeas.

También encontramos componentes auténticos del 300 SL, entre ellos la parrilla, los pilotos posteriores y determinados emblemas.

El objetivo no era fabricar una réplica exacta.

Era crear algo que pareciera pertenecer al universo del 300 SL sin estar limitado por la obligación de respetar cada tornillo del original.

Debajo del capó vive un AMG

Y aquí desaparece definitivamente cualquier intento de mantener las cosas puramente clásicas.

El vehículo conserva el motor de su donante, el SLK 32 AMG.

Eso significa un V6 de 3,2 litros sobrealimentado mediante compresor.

El SLK 32 AMG original desarrollaba más de 350 CV, una cifra que quizá hoy no parezca descomunal en un mundo de eléctricos de 1.000 CV, pero que dentro de un pequeño Speedster sigue siendo más que suficiente para hacer las cosas interesantes.

Especialmente teniendo en cuenta una circunstancia.

El conductor está sentado prácticamente a la altura de las matrículas de los demás coches.

Debe de ser una manera eficaz de sentir la velocidad incluso antes de arrancar.

El motor incluso se deja ver a través del capó

El capó incorpora una pequeña abertura que permite contemplar parte del motor AMG.

No era necesaria.

Por eso mismo nos gusta.

También se instalaron escapes laterales que salen a través de las aperturas situadas detrás de las ruedas delanteras.

Es un detalle muy apropiado para un coche que parece incapaz de hacer nada discretamente.

Porque si tienes un V6 AMG sobrealimentado debajo del capó, esconder completamente el escape probablemente habría sido una oportunidad desperdiciada.

Suspensión neumática para dejarlo literalmente en el suelo

Una de las características más llamativas del coche es su postura.

Cuando está aparcado parece que la carrocería haya perdido una discusión con la gravedad.

Eso se consigue gracias a una suspensión neumática regulable, capaz de bajar considerablemente el vehículo cuando está parado.

En movimiento puede elevarse para alcanzar una altura más razonable.

Algo necesario si el propietario quiere superar ese gran enemigo de todos los superdeportivos:

el badén municipal.

Las enormes llantas HRE completan el conjunto y esconden detrás un sistema de frenos Brembo.

Por dentro tampoco intenta fingir que estamos en 1955

El interior mezcla elementos clásicos y modernos.

Encontramos cuero trabajado específicamente para el proyecto, asientos eléctricos tipo Speedster, aire acondicionado, dirección asistida y hasta un sistema de sonido McIntosh instalado a medida.

Esto último seguramente habría horrorizado a los ingenieros que diseñaron el 300 SL original.

Aunque probablemente habrían cambiado de opinión después de pasar agosto en California sin aire acondicionado.

Incluso las puertas tienen una peculiaridad.

Utilizan una apertura vertical tipo tijera.

Aunque viendo la altura del coche quizá sea más sencillo saltar directamente dentro.

Dignidad opcional.

El original que inspiró todo esto era extraordinario

Para comprender por qué alguien querría reinterpretar un 300 SL hay que volver a la década de 1950.

Mercedes presentó el 300 SL de producción en 1954 y fabricó 1.400 unidades del famoso Coupé Gullwing antes de lanzar posteriormente el Roadster. La versión descapotable se produjo entre 1957 y 1963, con 1.858 ejemplares.

Su característica más conocida eran las espectaculares puertas de ala de gaviota del Coupé.

Pero aquello no era simplemente una ocurrencia estética.

El 300 SL utilizaba un chasis tubular extremadamente ligero cuyos laterales eran tan altos que hacían imposible montar puertas convencionales.

Mercedes convirtió una limitación técnica en una de las características de diseño más famosas de la historia del automóvil.

Nada mal.

vehiculo mercedes

Y no debemos confundirlo con el Mercedes 300 SLR

La confusión es comprensible porque ambos nombres son muy parecidos.

Pero el 300 SL y el 300 SLR son coches diferentes.

El 300 SLR fue una auténtica máquina de competición desarrollada para la temporada de 1955. Utilizaba un sofisticado motor de ocho cilindros en línea de tres litros y estuvo pilotado por nombres como Juan Manuel Fangio y Stirling Moss.

Mercedes construyó únicamente nueve chasis del 300 SLR.

Dos de ellos terminaron convirtiéndose en los legendarios Uhlenhaut Coupé.

Uno de esos dos coches alcanzaría décadas después una cifra que dejó pequeño prácticamente todo lo conocido en el mercado de clásicos.

Por eso conviene distinguirlos.

El espectacular Speedster moderno de estas imágenes pertenece al mundo del 300 SL personalizado, no es uno de aquellos rarísimos 300 SLR de competición.

¿Sacrilegio o genialidad?

Esta pregunta aparece siempre que alguien modifica un clásico.

Y aquí la respuesta resulta bastante sencilla.

Si hubieran cogido un 300 SL original perfectamente conservado y lo hubieran cortado para fabricar este coche, tendríamos una discusión.

Pero no fue eso lo que ocurrió.

Utilizaron un SLK AMG moderno como base y recrearon encima la estética clásica.

Por tanto, ningún 300 SL millonario tuvo que morir para que existiera este Speedster.

Eso cambia bastante las cosas.

Puedes amar el original y disfrutar también de esta reinterpretación.

No compiten entre ellos.

Es precisamente el coche que Mercedes nunca fabricó

Quizá esa sea la mejor manera de entenderlo.

Mercedes fabricó el 300 SL Gullwing.

Después llegó el Roadster.

Pero nunca existió oficialmente un 300 SL Speedster radical, ensanchado y pegado al asfalto como este.

S-Klub imaginó cómo podría ser.

Después utilizó tecnología de décadas posteriores para hacerlo realidad.

Un chasis de SLK.

Un V6 AMG sobrealimentado.

Frenos Brembo.

Suspensión neumática.

Grandes ruedas HRE.

Carrocería inspirada en un icono de 1954.

Y un parabrisas que parece haber pedido prestado a Porsche.

Sobre el papel suena como una receta preparada por alguien que no debería estar autorizado a entrar en un museo Mercedes.

Luego ves el coche.

Y empiezas a pensar que quizá deberíamos darle las llaves del museo.

Porque algunos clásicos merecen conservarse exactamente como salieron de fábrica.

Y otros pueden servir para demostrar algo igualmente interesante:

que un gran diseño puede soportar setenta años, cientos de modificaciones y una buena dosis de irreverencia sin dejar de resultar espectacular.

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