07 enero 2016

Los pijos de Madrid viven en Montecarmelo

Es muy difícil que algo funcione de arriba abajo. En este país, pasó con la democracia y los partidos y, después, con todo lo demás, explica Lula a Concha sentadas las dos en sus mesas de trabajo. Han decidido que, si son de las pocas que siguen trabajando en agosto, casi mejor hacerlo juntas. Tienen el minibar instalado, el frutero lleno y las picotas lavadas para los descansos. Lula se pega el atracón y le deja a la abogada acercarse a la ventana para echarse un ducados. Pues no será por el ejemplo que está dando el 15-M, que es de abajo a arriba. 

Aunque admito que muchos gestos de los candidatos están inspirados por las protestas contra la clase política. Aunque creo que no estás pensando en eso», le dice la abogada, viendo de reojo el logotipo que está haciendo la diseñadora gráfica para un grupo de extranjeros de Estepona que alquilan trozos de tierra para hacer huertos, dan clase de agricultura y de cocina saludable.

«Mira, gracias a esta gente me he enterado de un concepto que tiene una traducción lamentable: ciudades de transición. Aquí suena como un museo en el que estén presentes el Rey, Adolfo Suárez y Victoria Prego, con el general Gutiérrez Mellado, Fraga y Carrillo. Pero no, se trata, según he investigado, de un movimiento que intenta hacer de las ciudades sitios autosuficientes energéticamente. Recuerdo que hace ya 10 años vi una portada del Economist ilustrada por una casa con un pequeño molino de viento y placas solares. 

No les mueve tanto la preocupación por el cambio climático como algo a lo que llaman el cénit del petróleo, ese punto en el que dejaremos de tenerlo barato y en abundancia, cuando, para entendernos, para sacarlo de la tierra haga falta la misma cantidad de combustible que se pretende extraer. En el Reino Unido y en Irlanda está bastante extendido. Hay quien cree que esto ocurrirá en los próximos años. 

Admito que mucho de lo que he leído me trae a la mente a cierto perroflauta, pseudobudista, ciclista, con colchas de telas indias y libros de meditación en las estanterías. Tampoco compro la teoría porque me resisto a creer que los políticos del mundo nos tengan en la inopia hasta que de repente un día nos comuniquen que vamos a vivir con cortes del suministro, frío y calor. Pero tengo claro que esos movimientos van a algún sitio porque la gente se lo cree y se involucra. Como estos de Estepona. Sin embargo, cosas como Smart City, que supuestamente tienen el mismo objetivo, es que ni sé lo que es».

«¿Smart qué?». «Pues Smart City Málaga, un proyecto que se supone que es la bomba, que nos está poniendo en el mapa de los congresos sobre ciudades con grandes planes de eficiencia energética y, de verdad, es que no sé en qué consiste. Me he metido en la web y no me he enterado de mucho. Debe de ser algo muy técnico, de conseguir poner dispositivos de almacenamiento energético, de mejora de las redes, de control del desperdicio en la distribución, pero, así, por encima, como si me hablaran en chino. Cualquier proyecto de ciudad debería conseguir que se enteraran los vecinos. 

Me pasó el otro día en Antequera. Me dediqué a preguntarle a la gente si sabía lo que era el anillo ferroviario. Pasmada. Unos no tenían ni idea, otros decían que iba a traer mucho turismo, otros más que sabían que era un anillo pero no dónde iba. El colmo es que les pregunté a unos en la puerta de la oficina de información sobre el proyecto si sabían dónde estaba y me dijeron que no. En definitiva, que Adif tiene un problema serio de comunicación. Pero yo diría que los de Smart City, si quieren que los malagueños se sientan orgullosos de participar en algo así, tienen el mismo problema. A no ser que sigan queriendo que la gente no se entere mucho, que sigan atontados con la hipoteca de Belén Esteban», acaba Lula.

«Hombre, la tercera opción es la más deprimente: que hayan concluido que la gente no es capaz de enterarse de algo así. En definitiva, que los malagueños no tienen la capacidad de enterarse de asuntos complejos como tus guiris de Estepona. Aunque te diré que ya hay huertos similares de autoconsumo por la Axarquía. Y los pijos de Madrid tienen uno precioso que se llama Montecarmelo. Aquí, smart city, ya sabes».

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