03 marzo 2013

Esos primates hijos del demonio


El hombre no es el único primate en peligro de extinción; el gorila, el orangután, el chimpancé y el gibón también lo llevan bastante crudo. Ahora bien, si el hombre se extinguiera, gorilas, orangutanes, chimpancés y gibones respirarían aliviados, pues, desaparecida su principal amenaza, ya no se extinguirían ellos. Dicho esto, lo cierto es que también hay humanos que se preocupan un poco por sus parientes, e intentan que los pocos que quedan se reproduzcan un poco. Cuando ésto ocurre se desata una gran algarabía en los zoológicos, sobre los que pende la amenaza de quedarse sin monos.

Pere Mejías cuenta en El Periódico algunos detalles sobre el particular. Bajo el título «Los parques de todo el mundo velan por evitar la desaparación de los antropoides», Mejías nos pone en situación: «El género de los animales mamíferos llamados primates, entre los que se incluye en ser humano, se compone de cuatro especies más: el gorila, el orangután, el chimpancé y el gibón. De todas estas especies de antropoides, sólo una se salva del riesgo de extinción, el chimpancé, por ser esta especie todavía muy abundante en Africa.

Las otras están muy protegidas por diversas leyes internacionales, ya que la caza a que han sido sometidos y la indiscriminadas tala de bosques, selvas y demás zonas arbóreas han diezmado en pocos años las especies parientes del hombre, los póngidos». La buena noticia, sin embargo, es que en el Zoo de Barcelona ha nacido el primer bebé siamang que lo hace en cautividad, aunque no está muy claro que nacer preso sea para la criatura una buena noticia exactamente. Pero de todos los primates, el hombre no es sólo el que gasta peor leche, sino también el único que cree en Satanás, sobre todo, últimamente, el antropoide español propiamente dicho. Claro que, a la vista de la ola de brujería que nos invade, se esperaba que la Iglesia, que es la institución que ha llevado desde siempre la cosa del demonio, se pronunciara con firmeza sobre el particular. Y lo ha hecho, pero tan a su manera que no hay quién se aclare.

Andrés Cárdenas cuenta en El Correo Español lo que dice el Arzobispo de Granada: «Negar o disimular la existencia del demonio es mutilar la fe católica y empequeñecer la grandiosa obra de nuestra salvación». ¿Entonces? ¿Puede meterse tranquilamente en el cuerpo de las personas? No, eso es mucho decir: «La Iglesia Católica admite que el demonio tenga inluencia sobre algunas personas, pero tal influencia es, primordialmente, de orden moral y no corporal». Primordialmente no suele entrar el diablo en el cuerpo de nadie, porque «cuando se presentan fenómenos raros que se atribuyen al demonio se trata, casi siempre, de engaños, supercherías, enfermedades mentales e incluso perversiones morales». Está bastante claro: casi siempre. En fin, que menos mal que la presencia física del demonio sea «casi siempre» engañosa, pues «primordialmente» dicha presencia es de órden moral. Se nos quita un peso de encima.

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