22 enero 2013

Nueve semanas y media un pecado en nuestras pantallas

La agrupación de telespectadores y radioyentes ha manifestado su más enérgica repulsa a la dirección de Televisión Española por haber emitido el otro día la película «Nueve semanas y media». La protesta, a la que sin dificultad podrían adherirse la mayoría de los aficionados al buen cine, no se ha producido porque la película sea un engendro infame, sino porque es pornográfica. La cosa cambia.

Ver una película pornográfica y luego protestar por haber visto una película pornográfica tiene, qué duda cabe, mucho delito, pero así son los merodeadores del pecado, que no se les escapa una. 

Les da igual que nadie les obligue a enchufar el trasto, y también les da lo mismo que, después de tanta murga y tanto apelar a la pluralidad, existan media docena de canales que NO ponen en ese momento una película pornográfica como ellos dicen, aunque sí, con toda seguridad, alguna otra tan espantosa o más que «Nueve semanas y media». El caso, está clarísimo, es fastidiar. Otra cosa sería que a la organización esa se le ocurriera manifestar todas las enérgicas repulsas del mundo por el desencanto que supone la visión, todo lo plural que se quiera, de los tan esperados nuevos canales.

En ellos, como en los de siempre, tampoco parece haber el menor atisbo de buen gusto. «Nueve semanas y media», ese siniestro y descerebrado spot de sexo aeróbico, es Bergman, Eisenstein y Fellini juntos, es ambrosía cinematográfica al lado de la basura de celuloide que a cualquier hora del día o de la noche constituye la esencia de la programación de todos los canales. Pero puede que a los merodeadores del pecado no les importe eso, como tampoco que la poesía, la música, el teatro o la información veraz e independiente brillen por su ausencia así aprieten cualquier botón del mando a distancia. Están colgados con el sexo, y su pobre mirada está condenada, sin remisión, a sintonizar una y otra vez con el erotismo zafio de Kim Bassinger.

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