22 mayo 2012

El militar abandonado

No obstante, a sus 39 años, este antiguo militar no habría soportado ser «nuevamente abandonado por una mujer», determina ese informe. Su primer amor desavenido fue Mari Carmen, quien 14 años atrás le «abandonó por otro mientras yo estaba hospitalizado», se atormenta en el recuerdo. Lo suyo duró un año y la quiebra, cuatro largos meses. Durante ese tiempo, José la sigue, la persigue, la acorrala. Le pide «una nueva oportunidad». Recibe un rotundo no. Irritado con el mundo, un 7 de abril de 1997, coge papel y lápiz y escribe a su amigo Javier estas últimas intenciones: «Por fin he sido capaz de tomar una decisión por mí mismo. Mari Carmen podía haberme ayudado, pero no creyó en mí. Te pido que te hagas cargo, porque en mi casa no lo van a entender ni van a querer hacer estas cosas. Yo D. José BRETÓN GÓMEZ, es mi voluntad que después de mi muerte, mis órganos sean donados para trasplantes y mi cuerpo incinerado y las cenizas esparcidas por el mar…».

Esperó 48 horas a que aquello fuera filtrado y alertara a quien él deseaba provocar. No tuvo más respuesta que el silencio. Y así, sin decir nada, marchó a la finca familiar, entró en el garaje, se metió en el coche e ingirió 85 comprimidos de Zolpidem (engañó a un facultativo de medicina general para ir acumulándolos en casa). Aumentó el explosivo gástrico con alcohol y el físico abriendo dos bombonas de gas butano. Casualmente, su padre Bartolomé acudió a la finca y lo descubrió. Tuvo que romper las ventanas del coche para sacarlo de allí. Ingresaron a José en el Hospital Reina Sofía de Córdoba y le practicaron un lavado de estómago. Con 36 horas de observación, recibió el alta. A los cinco días, visitó a un psiquiatra. Al mismo Guillermo que ahora, década y media después, ha burlado para conseguir Motivan y Orfidal, los medicamentos con los que habría matado a su hija de seis años y a su hijo de dos.

Aquella «tentativa de suicidio» llegó, según el Grupo de Homicidios, «como consecuencia del abandono de su pareja sentimental». Aunque también apuntan a que pudo ser el camino «para causarle el mayor sufrimiento posible a su familia». Ésta no admitía a Mari Carmen y José estaba muy molesto.

Ahora, la segunda ruta de separación en la vida de José también llega de forma inesperada. De hecho, durante la búsqueda de los pequeños confiesa a uno de los policías que «en la calle soy un mierda, pero en mi casa mando yo».

Y fue en su casa, a las 20:00 h. del 15 de septiembre de 2011, cuando la idea de la separación cae de los labios de Ruth. Aprovechó que sus hijos estaban disfrutando de la playa con la abuela para hablar. En esa pequeña casa que alquilaron en El Portil (Huelva) trataron «de mejorar la relación, porque se había desgastado». Pero «era imposible», según Ruth. Agotadas las oportunidades, ésta se planta delante de José y le explica sin levantar la voz que «ya no hay amor y la situación es insostenible». A lo que él responde: «¿Cómo me has hecho esto? Es la segunda vez que me pasa?».

Ruth había sido sometida al bucle de deseos de José. Pero en esa convivencia veraniega, había «desenmascarado» a «un lobo vestido de cordero», como explicó a su abogada. Por eso, solicitó ayuda al Instituto de la Mujer de Andalucía. Le derivaron a un psicólogo, con quien tuvo cita el lunes 12 de septiembre. Él le hace ver que es «una mujer maltratada psicológicamente». Ella entra en razón: «José me ha anulado totalmente, me ha cerrado el círculo de amistades, me ha hecho odiar Huelva, mi familia, mis raíces, he tenido celos de todo lo que me rodea».

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