02 agosto 2017

Los coches del dictador Suharto

Hace unos años Haji Hadisukismo, un hechicero de Java, recibió la visita del hombre más poderoso de Indonesia y uno de los más ricos del planeta, el presidente Suharto. El Bapak, o padre de la nación, se desplazó hasta la casa de Haji para comprar una daga, el Nogorojo (rey dragón), un amuleto que atribuye a su dueño el poder de la vida. Suharto, la sexta fortuna del mundo según la revista Forbes, no logró que Haji le vendiera el talismán. Un mal augurio.

Indonesia, el cuarto país más poblado, con 202 millones de habitantes y 13.700 islas, es tierra de supersticiones. Sólo ha conocido dos presidentes desde su independencia en 1949: Sukarno, que fue derrocado en 1965 por un golpe anticomunista, y Suharto que asumió entonces el poder. Los dos creían en la fuerza decisiva de los fenómenos sobrenaturales.


Hace apenas dos años Suharto recibió un duro golpe. Su esposa, Siti Hartinah, la más leal de sus asesores y auténtica matriarca del clan Suharto (seis hijos, tres mujeres y tres hombres), moría de un ataque al corazón. Según la tradición javanesa, un marido devoto no debe tardar en seguir a su esposa al reino de las sombras. Prueba de que Suharto no se toma a broma estas supersticiones es que ni siquiera se atreve a designar un sucesor. El todopoderoso Bapak cree que, en cuanto lo haga, habrá firmado su sentencia de muerte.
En marzo de este año, cuando fue elegido presidente por séptima vez en los últimos 30 años por la Asamblea Consultiva del Pueblo -poco consultiva y menos del pueblo-, se esperaba que eligiera a su delfín para el cargo de vicepresidente. La designación de B.J. Habibie, eterno secundón sin proyección política, decepcionó a quienes confiaban en que Suharto sabría dejar atada y bien atada su sucesión.

Sin embargo, el nombramiento de la mayor de sus hijas, Siti Hardiyanti Rukmana, conocida en Indonesia con el nombre de Tutut, como ministra de Bienestar Social, disparó las especulaciones sobre las posibilidades de ésta como heredera.

Según el Financial Times, la fortuna personal de la ministra asciende a 70.000 millones de euros. Al clan Suharto se le atribuye un patrimonio superior a los cinco billones de pesetas, de acuerdo con informes de la CIA. Otros hablan de unos seis billones, la mitad del Producto Interior Bruto de Portugal.
Dirigente del Partido Golkar, en el poder, Rukmana es la empresaria más influyente del país y la única de los hijos de Suharto que ha demostrado claras ambiciones políticas. Tras la muerte de su madre, Rukmana, casada con otro potentado, Indra Rukmana, se ha convertido en la confidente del presidente, que cumplirá 77 años el próximo 8 de junio.
La semana pasada, al tiempo que el Gobierno anunciaba la subida de los precios de los transportes, combustibles y electricidad, que provocaron el estallido de la revuelta social, Tutut salía hacia Boston con un séquito de 17 amigos y asesores, en un viaje que puede costar unos 100.000 dólares (unos 15 millones de pesetas). Muchos indonesios trabajan de sol a sol por un dólar al día.

El régimen de Suharto justificó los incrementos de los precios, después anulados el viernes, aludiendo al cumplimiento de las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para conceder un préstamo de 43.000 millones de pesetas, necesario para remontar la crisis que azota a este país asiático desde julio de 1997.
Suharto tuvo que firmar el pliego de condiciones del FMI ante Michel Camdessus, el presidente de la institución. Uno de los requisitos impuestos por el Fondo fue acabar con el llamado capitalismo de camarilla. En Indonesia, los Suharto han tejido una red de empresas, en su mayor parte en régimen de monopolio, gracias a las concesiones de papá Estado, que hacen imposible impulsar cualquier negocio sin entablar relación con el clan.
«No hay otro sitio como Indonesia. Uno llega a un aeropuerto propiedad de un hijo de Suharto. Después toma un taxi, de una compañía de otra de sus hijas (Tutut). Ha de pagar un peaje de autopista a un tercero y suele alojarse en un hotel que también pertenece al clan. En esta ocasión el FMI ha empezado exigiendo que la familia se ajustase el cinturón», comentaba un alto cargo de la institución financiera.
La propia Tutut explicó a la prensa cómo su padre había convocado a la familia unos días antes de aceptar las condiciones del FMI para informarles de los sacrificios que se avecinaban en virtud de las exigencias de la globalización de la economía: proyectos millonarios paralizados, cierre de bancos, en suma, pérdidas de miles de millones de rupias. «Dijimos que estábamos preparados y que lo aceptábamos si era necesario y bueno para el país», explicó Tutut.

El influyente empresario George Soros señaló en una entrevista en el diario alemán Die Zeit que el problema de Indonesia no podría resolverse sin un cambio de régimen. Soros dirigió un claro mensaje al clan: «La familia del presidente tiene sus dedos metidos en casi todos los sectores. Esto debe cambiar».
De forma soterrada, los Suharto han intentado convencer al pueblo indonesio de que Soros y el FMI forman parte de la «conspiración internacional» que ha acabado con la prosperidad conseguida por el llamado padre del desarrollo. Con el fin de ayudar a la causa de la rupia, Tutut encabeza desde principios de este año la campaña en favor de la divisa nacional, que ha perdido más del 70% de su valor frente al dólar desde julio del 97. Esta semana se ha roto la barrera de las 11.000 rupias por dólar.
Esta iniciativa, que también se tomó en otros países afectados por la crisis como Corea del Sur, alienta la xenofobia en un país donde la próspera minoría china, un 5% de la población, controla el 70% de la riqueza del país.
Las protestas estudiantiles -que han tenido carácter pacífico hasta la intervención de la policía antidisturbios, que esta semana se saldó con 11 muertos- han quedado en segundo plano después del caos y la anarquía desencadenados por la turba que ha vertido su ira contra los prósperos comerciantes de Glodok, el barrio chino de Yakarta.
Entre los varones, el favorito de Suharto, Hutomo Mandala Putra, a quien todos llaman Tommy, también tuvo que renunciar a algunos caprichos. Tommy, el más joven del clan, combina su pasión por los coches de lujo occidentales con el respeto a la tradición. En su reciente boda, después de cientos de noviazgos con modelos y reinas de belleza, trasladó a los invitados a un mundo de brocados y sedas más propio de las mil y unas noches que del siglo XXI.

El príncipe de Java presume de poder y riqueza siempre que puede. Cuando quiso explicar a la prensa las razones por las que su proyecto de impulsar la fabricación del Timor, un automóvil nacional, quedaba cancelado, Tommy apareció en un Rolls Royce. Ni siquiera tuvo el pudor de elegir un Lamborghini, firma italiana en la que posee acciones.
En realidad, el Timor se iba a fabricar en Corea del Sur. Gracias a un acuerdo con Kia, se importaría libre de aranceles y contribuiría a incrementar el patrimonio del joven príncipe, que supera los 30.000 millones de pesetas. Acabar con el monopolio del clavo, en poder de Tommy, ha costado al Gobierno indonesio más de 50.000 millones de pesetas.

Nacido en el seno de una humilde familia musulmana, Suharto adquirió esta habilidad para transformar el poder sociopolítico en negocios a principios de los años 50, cuando comenzaba su carrera en el Ejército. Entonces aprendió cómo el sueldo de comandante podía engordar gracias a ciertos cambalaches con las empresas suministradoras de material y alimentos.
En 1965, Suharto y otros oficiales conservadores, en colaboración con Estados Unidos, emprendieron una caza de brujas en la que murieron unas 500.000 personas. Pocos se imaginaban que aquel oscuro oficial iba a lograr reemplazar manu militari al héroe de la independencia de Indonesia, el presidente Sukarno, padre de Megawati Sukarnoputri, una de las escasas voces de la oposición al régimen del padre del desarrollo.
Según George J. Aditjondro, profesor de sociología de la corrupción en la Universidad de Newcastle, en Australia, Suharto logró el doctorado en capitalismo de camarilla con la ayuda del empresario de origen chino Liem Sioe Liong, que fundó el Grupo Salim. La fortuna de éste comenzó gracias al monopolio de la harina que le otorgó su amigo Suharto.
El Programa Comida para la Paz de Estados Unidos suministraba el trigo. La harina Bogasari convirtió a Liem en el rey de los fideos, principal alimento en un mercado de unos 200 millones de consumidores, y en la mayor fortuna de Indonesia.

A Mohamed Hasan, conocido como Bob Hasan, Suharto le conoció en el Ejército. Entre otros negocios, Bob Hasan, que juega al golf con el presidente un par de veces a la semana, ha montado un imperio periodístico que lava la cara al régimen siempre que es necesario. El Grupo Nusamba, dirigido por Hasan, no para de hacer dinero para las fundaciones de Suharto.
El entramado esconde cientos de empresas de la familia encubiertas en financieras fantasma, según el profesor Aditjondro. De este modo, las medidas del FMI afectarán de una forma muy superficial al emporio creado por el padre del desarrollo.
En los 80 los Suharto vivieron su época dorada. El Bapak impulsó sus propios negocios y puso al frente a su hijo mayor, Sigit Harjojundanto. Ganó sus primeros millones de rupias con una compañía aérea, Bayu Air PT, que unía Java Occidental con otras islas. Sigit y Tutut controlan el 32% del Banco Central de Asia, el mayor banco privado del país.
Su alianza con el Ejército también está sellada con lazos de sangre. La segunda de sus hijas, Titiek, está casada con el general Prabowo Subianto, al mando de las fuerzas especiales, que soñaba con construir un puente entre Sumatra y Malasia, otro de los proyectos paralizados por el descalabro económico. Prabowo tiene negocios en países como Uzbekistán, Portugal, Sudán y Guinea Bissau. Los Prabowo también dominan el mundo de la banca.
Según un reciente informe titulado El papel del Ejército en el futuro político de Indonesia, del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, el general Prabowo, de 46 años, pertenece al sector del ejército que ve con buenos ojos una mayor presencia del Islam en las Fuerzas Armadas. Incluso se dice que Prabowo mantiene contactos con uno de los líderes de la oposición, Amien Rais, líder de la segunda organización musulmana en número de seguidores, Muhamadiya.
Quizá el miembro del clan que menos dinero haya perdido con la crisis sea Bambang Trihatmodjo, que ha construido la mayor parte de su imperio económico con empresas en Manila y Sidney. Bambang también ha impulsado proyectos de suministro de agua en Filipinas y China.
La más joven de la familia, Mamiek, acaba de irrumpir en el mundo de los negocios con una empresa de construcción que ya ha logrado un contrato para dar un lavado de cara a la bahía de Yakarta.

En Yakarta circula la leyenda de que el presidente convoca a veces a sus ministros para comunicarles sus decisiones y, en lugar de un discurso, les invita a una representación de wayang kulit, el teatro de sombras. La mayor parte salen sin haber entendido el mensaje. Quizá el Bapak Suharto tampoco entienda ahora la representación que tiene lugar en las calles de Yakarta: muerte y destrucción donde hace apenas unos meses todo era respeto a la ley y el orden. También es posible que él mismo haya planificado la función, pero que luego los personajes hayan cobrado vida propia.
En cualquier caso, parece más cerca que nunca de su antecesor, Sukarno. Haji, el dueño del Nogorojo, el talismán que da el poder de la vida, advirtió al presidente Sukarno en 1962 que se estaba rodeando de asesores poco recomendables. Tres años más tarde, Sukarno había perdido el control de la situación. Entonces, Suharto era un discreto oficial que había logrado cierto bienestar gracias a su carrera en el Ejército. En las Fuerzas Armadas el Bapak se labró su futuro, y son ellas las que decidirán su destino: caminar hacia el reino de las sombras o buscar, sin miedo y sin prisas, sustituto para el papel protagonista de una obra mil veces representada.

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