31 julio 2017

Tonos brillantes en el vestir

Nueva York. Una vez dijo Henry Ford de sus coches: "Puedes elegir el color que quieras, siempre y cuando sea negro". Ese lema, desde hace mucho tiempo, lo han copiado los neoyorquinos para su fondo de armario. Pero con la Semana de la Moda llegó la revolución. Las colecciones de primavera 2017 estaban llenas de tonos vivos y estampados digitales. Sin embargo, todavía está por ver cómo controlan los diseñadores estas complejas combinaciones.


Érase una vez Rodarte, que se limitaba a dos colores: rojo sangre y negro. Estos tonos daban un acento oscuro y dramático a los diseños alegres. Pero el sofisticado mundo de la Alta Costura ha cambiado a las hermanas Mulleavy. Aunque la colección de primavera mantenga el toque artesano de tejidos como el encaje guipur o el brocado, lo demás es pura tendencia. Había vestidos cortos en forma de huevo y zapatos parecidísimos a los de Balenciaga. El desfile dio en el clavo comercial del momento, pero le faltaba la magia de otras colecciones anteriores.

Un jersey naranja a retazos de ganchillo unidos por metal demostró el talento artesano de la marca. Pero otras piezas eran inexplicables, como las chaquetas ochenteras de cuero con adornos de doble C. ¿Un guiño a Chanel? ¿Quién sabe? La originalidad, plasmada anteriormente, de las hermanas solo se pudo apreciar en el uso de colores: verde bosque y alcachofa; rosa polvo y amarillo prímula.

"Siempre intento hacer algo nuevo", dijo Oscar de la Renta desde su oficina con vistas al skyline neoyorquino, justo antes de su desfile de primavera. Mantuvo la ropa intensamente decorada de la temporada pasada, pero esta vez sus prendas destacaron por el uso de apliques de encaje y flores. El punto fuerte fue el color, tanto para la noche como para la ropa de día: una blusa amarillo ranúnculo con un cárdigan ocre; trajes de cóctel en rosa pálido y eléctrico, y de noche con la espalda turquesa. Para completar el arcoíris, las modelos llevaban el pelo recogido con mechas de colores.

Osklen es una marca nueva en los desfiles de Nueva York, pero no en el mundo fashion. Oskar Metsavaht, el diseñador brasileño de la firma, tiene seguidores fieles. Sus modelos respetan la sostenibilidad y la conservación de la biodiversidad ambiental. A este espíritu se debe una buena colección de primavera. Sus tejidos eran sofisticados, y el uso de la textura y el color, muy efectivo. La seda orgánica teñida con tintes vegetales tenía un brillo elegante, y los pantalones de neopreno añadieron un aire sport. El creador señaló que su inspiración era una combinación del "alma de Brasil y los sueños californianos". Había estampados de palmeras, espaldas al aire para lucir bronceado, y capas y vestidos esbeltos en tonos de puesta de sol: rosa vibrante y naranja.

Vera Wang se inspiró en "la belleza romántica y la sensualidad de la India". A pesar de ello, la colección era sutil en cuanto a color y formas, y no transmitía la esencia de esa tierra que se podría imaginar. Empezó con una paleta blanca y las chaquetas y túnicas de algodón fueron el lienzo para los colores: los vestidos en jacquard azul o encaje negro, un gracioso traje mini con un toque de violeta y brocados dorados y bordados mezclados con verde pino y chartreuse. Wang encontró la forma de celebrar el color sin perder su propia identidad.

Las tonalidades de Sophie Theallet siempre recuerdan a la India, pero las siluetas esbeltas y precisas delatan su origen francés. Un estampado de libélula añadió un toque veraniego a unos looks que centraban la vista en la cintura: un vivaracho top de punto metido por dentro de una amplia falda blanca, o un vestido ajustado al cuerpo y perfectamente cortado, con ese matiz inspirado en la puesta de sol que está tan de moda.

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