02 julio 2016

Alicia Keys y los cuadros de su cabeza

Como en su día hiciera Britney Spears, y como en la prehistoria también lo solicitara Chabeli Iglesias en boca de papá Julio, Alicia Keys ha reclamado con firmeza el derecho a pasar de niña a mujer e impedir que nadie le vuelva a tratar nunca más como una criatura joven e inexperta, recién destetada e incapaz de valerse por sí misma. Alicia tiene 27 años, tiene talento, y no va a ser nunca más aquella adolescente de antaño a la que paseaban por las televisiones como un bicho exótico que -oh- sabía cantar y tocar el piano. 

Sus dos últimos discos, y en especial el tercero, As I am, han significado una revuelta interior y exterior encaminada a borrar ese estigma adolescente.Los muchos minutos de vídeo introductorio de su concierto en Badalona, una especie de elegía autoafirmativa de su potencial a partir de imágenes de infancia y juventud, iba por ahí: quería insistir en la idea de que ella no es una chica mona a disposición de la industria para vender discos a millones. Keys, eso quiere que sepamos, es una artista completa dedicada a la música, una catalizadora de inspiración y arte.

Y por una vez, esas pretensiones, eso que diríamos un cierto egocentrismo con un poco de pataleta de la edad, se corresponden con la realidad. Alicia Keys es buena al piano, técnica y apasionada; domina su instrumento y le supo sacar jugo desde la introducción pos vídeo del recital hasta ese final en el que encadenó sus singles de mayor éxito, Fallin', No one y If I ain't got you.Además, saca una voz impoluta en directo, una voz sin fragilidades ni apenas errores: limpia, poderosa, no a la altura de las más grandes del soul ni el rhythm'n'blues, pero lo suficientemente competente como para darle brillo a todo su discurso. Por si fuera poco, se mueve con gracia, no tanto como Beyoncé, pero ya le gustaría a Beyoncé ser algo más que una percha agraciada y poder juntar dos notas con sentido.

Hablando de percha: varias veces cambió Alicia de vestuario, varias veces lució el armario Armani diseñado en especial para esta gira mundial, y siempre lució elegante, sobria y magnética.La chica tiene un punto azucarado en sus canciones, pero no se puede negar que tiene ángel.

Así, imprimiendo a la banda, a las coristas y a los bailarines un ritmo frenético, Alicia Keys dirigió un recital en el que interpretó más de 30 piezas -no todas íntegras; el lenguaje del medley fue el hilo conductor del concierto- y exhibió una panorámica completa de su visión de la música: baladas y medios tiempos, soul con chispa y buen olfato para cazar la melodía pop.

No será Etta James, pero que tampoco la compare nadie con Christina Aguilera, válganos dios. Incluso su versión del clásico disco Lady Marmalade le quedó mejor que a su oxigenada competidora en las listas de ventas.

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