05 abril 2016

Selena Gómez y su imagen angelical

Selena Gómez lleva un tiempo trabajando en acabar con su imagen angelical. 

Su participación en una cinta tan gráfica y explícita como Spring Breakers -se estrenó el viernes en España- ratifica que algo está cambiando en la vida de esta cantante y actriz, aunque no ejerza de líder del grupo en el largometraje de Harmony Korine ni haya protagonizado un desnudo integral en cámara.

Lo de Disney, la marca que ayudó a construir su pequeño imperio adolescente, parece que se acabó. Dice que es parte de hacerse mayor, con 20 años cumplidos, y de haberse sacudido de encima el peso de ser relacionada de forma constante con su ex novio, el fenómeno de masas canadiense Justin Bieber.

Es una nueva etapa y lo del rollito hardcore de Korine le vino como anillo al dedo, con mucha teta y culo expuesto, drogas en cantidad y un James Franco convertido en maleante, chulo y drogadicto que poco tiene que ver con sus días en Hannah Montana y Barney y sus amigos.

La texana no duda en confirmar que se sintió atraída de inmediato por el papel y que aprendió mucho de un mundo tan ajeno a ella. Tuvo incluso que aprender a fumar como parte de las exigencias del guión. «Es algo que no había probado en mi vida», confiesa entre risas. «Fue realmente divertido por el hecho de que me tuvieran que enseñar a inhalar el humo».

Es parte de la diversión de una película ambientada en las costas de Florida y plagada de jóvenes estudiantes en pleno frenesí por el parón primaveral, marcado siempre por las grandes fiestas, las drogas y el alcohol. Eso mismo refleja Korine en su cinta de forma explícita y machacona, aunque con las precauciones para que no fuera declarada apta solo para adultos. «De lo contrario no la hubiera visto nadie, convertida en una cinta elitista para unos pocos», apunta el director californiano, siempre rodeado de polémica.

Gómez es una de las cuatro chicas -Vanessa Hudgens, Ashley Benson y Rachel Korine completan el reparto- que reúne el dinero suficiente para correrse la gran juerga de su vida aprovechando el receso universitario. El problema es que conocen a un tipo peligroso (Franco) que hace que las cosas se tuerzan de manera notoria.

«Sabía que era un guión con riesgo pero después conocí a la gente al frente del proyecto y supe que era la decisión adecuada. Buscaba algo que fuera completamente diferente», reconoce. «Sé que la película puede producir un shock, que es difícil. No tuve miedo en términos de lo que pudiera pensar mi familia, aunque soy muy consciente de que no es fácil de digerir. Les he avisado lo mejor que he podido y espero que puedan entender por qué lo quiero hacer. Es solo un trabajo de interpretación, no es mi vida real».

A pesar de todo, reconoce que la fiesta le va. «Trato de tener los pies en el suelo pero sin olvidarme de divertirme, y en esta película nos divertimos muchísimo. Mucha de la gente con la que nos encontramos estaban, de hecho, celebrando su propio Spring break, y eso nos ayudó mucho», confiesa sincera.

Fue, además, una experiencia pionera. «En realidad fue la primera vez para todas como spring breakers. El director nos pidió que compartiéramos mucho tiempo juntas para podernos ambientar como parte de nuestro crecimiento como actrices».

Es un paso indudable hacia la madurez, «acostumbrada a otro mundo, a mi programa durante cuatro años, pero estoy muy emocionada por poder salir». Gómez parece haber roto el cascarón.

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