19 febrero 2015

Jaguar, Land Rover y Volvo van más allá en el desarrollo de la seguridad

España no es la plana Holanda, paraíso de las bicicletas, ni Madrid, Amsterdam

Pero eso no impide que sus usuarios, y la frecuencia de su uso, crezca de forma continua: en 2013, un estudio de Mapfre hablaba de 20,5 millones de españoles con bici y, de ellos, tres millones aseguraban usarla casi a diario. 

Además, las restricciones que están por llegar a las ciudades y la necesidad de mejorar la calidad del aire aumentarán inevitablemente su presencia.

Ese es el lado positivo. El negativo, que cerca del 7% de los muertos en accidente de tráfico en la UE son ciclistas. 

En parte, porque no hay más carrocería que el propio cuerpo. También porque, en el 50% de los casos, el siniestro se debe a la colisión con otro vehículo. Y, aunque en España es lo contrario, la mayoría de accidentes ocurren en ciudad.

Todo eso valoriza los sistemas de seguridad que han desarrollado Jaguar-Land Rover y Volvo. Ambos van un paso más allá de los dispositivos de aviso de colisión o de detección de peatones y ciclistas con frenado automático ya implementados.

En el caso del fabricante británico, no sólo quiere advertir de un potencial accidente, sino hacerlo para que la respuesta sea instintiva y más efectiva.

Aseguran los ingenieros de Jaguar-Land Rover que un icono de advertencia en el espejo o un sonido exigen un tiempo para que el cerebro los procese, así que el Bike Sense combina colores, sonidos, localización e incluso ‘toques’ en la espalda del conductor para que su reacción sea más rápida y ubique bien el peligro.

Según el lado por el que detecta que se acerque el ciclista (o una moto), los marcos de la ventana, el parabrisas y el salpicadero de esa parte del coche se iluminan. Primero, en ámbar y cuando la distancia es mínima, en rojo. 

Estas señales son detectadas de inmediato gracias a la visión periférica y, además, los altavoces de ese lado del vehículo también emiten un sonido, sea la bocina de una moto o el timbre de bici.

Además, si cualquiera de ellos viene por detrás, el asiento vibra sobre el hombro izquierdo o derecho del automovilista para que éste gire la cabeza hacia ese lado.

El sistema es capaz, en una calle abarrotada, de priorizar los peligros más cercanos; también localiza a peatones o ciclistas a punto de cruzar tapados por otro coche y, si el conductor no reacciona, hace que el pedal del acelerador se vuelva mucho más duro. 

Por último, si un ocupante está a punto de bajarse y por su lado viene una moto o bicicleta, le avisa para que no abra la puerta.

Volvo, por su parte, aprovecha de las posibilidades del automóvil conectado y ha diseñado un dispositivo de comunicación bidireccional que permite a conductores y ciclistas detectarse mutuamente en tiempo real. 

El proyecto ha sido desarrollado con POC, el principal fabricante de equipos de protección para ciclismo y deportes de riesgo, y Ericsson.

Su funcionamiento es muy sencillo ya que utilizando una ‘app’ para smartphone muy extendida entre los ciclistas, como Strava, éstos pueden –a través de la ‘nube’ de Volvo– transmitir su posición al vehículo y viceversa.

Si se calcula una colisión inminente, los dos usuarios son advertidos. El conductor del automóvil recibirá en el parabrisas un aviso de que hay un ciclista cerca, incluso si está en un punto ciego o es de noche y se ve poco. 

Mientras que el ciclista será advertido a través de una luz de alerta montada en el casco.

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