27 septiembre 2013

Un hombre muere de un infarto por no ser atendido

Juan José Elena Encinas ha presentado una denuncia judicial contra la clínica privada Fuensanta por negarse a atender a su padre, quien falleció de un infarto. Fue trasladado en ambulancia a este centro sanitario, pero no pudo ingresar. Julián Elena, transportista de 59 años, se sintió mal mientras dormía el pasado día 16 de noviembre. Eran las cuatro de la madrugada. Su mujer avisó a su hijo Juan José, quien al ver que su padre se ahogaba comenzó a practicarle la respiración boca a boca. 

Comprobó que empeoraba y decidió llamar a una ambulancia. Juan José telefoneó a la clínica Fuensanta, situada en el número 17 de Arturo Soria. Su padre tenía una póliza contratadada con la empresa Asociación Europea de Seguros, que trabaja con la clínica para atender las urgencias. El telefonista de la clínica «después de tardar mucho en coger la llamada y con voz de haberse despertado en ese momento, me dijo que no podían enviar una ambulancia porque el hospital estaba lleno», afirma Juan José. «Luego -añade- ante mi insistencia, me dijo que la mandaría, pero insistió en que no había sitio».

Al ver que no llegaba la ambulancia, Juan José llamó a la Policía para que le enviaran otra. Al cabo de un rato llegó una patrulla del 091 y, diez minutos después, acudió la ambulancia de la Policía. Según la familia, el vehículo que envió la clínica llegó más tarde de las cinco. Escoltados por el coche patrulla, trasladaron al enfermo desde el barrio de San Blas, domicilio de Julián Elena, hasta Arturo Seria. Algunos familiares más acompañaron a Julián, que en el trayecto era atendido por un ATS de la Policía. 

Llegaron a la clínica y llamaron con insistencia para que abrieran la puerta a la ambulancia. Un empleado, vestido con un mono verde, les preguntó si eran ellos los que habían telefoneado. Le respondieron afirmativamente y esta persona les recriminó que se hubieran presentado en la clínica, «pues no había sitio». Uno de los policías que acompañaban al enfermo se identificó y le dijo: «Abranos por favor». 

Se negó y el agente insistió: «Le he dicho que nos abra». El empleado contestó entonces que tenía orden de no abrir porque no había niguna cama libre. En ese momento, el ATS que atendía al enfermo llamó a los familiares y les informó: «Responde al oxígeno y respira. Pero vámonos rápidamente al Gregorio Marañón que no podemos perder tiempo». «En ningún momento se nos dijo que iban a atendernos», asegura un familiar del fallecido. «No nos abrieron la puerta para que entrara la ambulancia. Se nos negó la asistencia en todo momento. La conversación se desarrolló en la acera de la clínica y a pesar de nuestra insistencia en explicar la gravedad del enfermo, no se nos atendió».

Ambulancia, policías y familiares se trasladaron enseguida al hospital Gregorio Marañón. En el servicio de Urgencia el enfermo fue atendido con prontitud. Le fue inyectada adrenalina, pero ya fue imposible su recuperación. Una doctora informó que Julián había fallecido. Esta facultativa y el asistente social del Gregorio Marañón, tras conocer los hechos que habían sucedido en la clínica Fuensanta, aconsejaron a la familia que presentara una demanda judicial. Según manifestó un familiar a este periódico, «el único motivo que nos impulsa a presentar esta demanda es evitar que vuelva a ocurrir una cosa así con otra persona que acuda a esta clínica. Los momentos en que pedíamos a la persona que estaba en la puerta que nos abriera y él se negaba no se los deseo a nadie».

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