23 agosto 2013

Sobreseimiento de un nazi en Francia

El sobreseímiento «por falta de pruebas» pronunciado el pasado 13 de abril por el Tribunal de París en relación a los seis «crímenes contra la humanidad» imputados a Paul Touvier, jefe de la milicia lyonesa durante la II Guerra Mundial, al servicio del jefe de la Gestapo alemana Klaus Barbie, ha despertado en Francia el profundo resentimiento de una de las páginas más negras de la historia de este país: el Gobierno de Vichy y la colaboración con el invasor entre 1940 y 1944. 

Tras el veredicto del Tribunal de París, argumentado en 215 páginas, toda la clase política ha reaccionado unánimemente oponiéndose a esta «encubierta rehabilitación del Gobierno de Vichy». El primer ministro, Pierre Bérégovoy, afirmó ante la Asamblea Nacional: «La ley dispone que todos los criminales deben ser castigados sin tener en cuenta su nacionalidad. El derecho lo impone. El respeto que merecen las víctimas de la barbarie lo exige. Se lo debemos a la memoria de nuestra historia. Las dolorosas páginas de nuestra historia nacional no pueden, ni serán jamás borradas». A continuación, pidió un minuto de silencio.

Este «negacionismo histórico» también ha sido denunciado por todos los parlamentarios, que interrumpieron el miércoles sus trabajos para asistir a las manifestaciones de protesta organizadas en toda Francia. Touvier, «el segundo verdugo de Lyon», que ha pasado 45 años en la clandestinidad, puede substraer se a la Justicia si el Tribunal Supremo no corrige el veredicto. Klaus Barbie, el jefe alemán de la Gestapo, fue declarado culpable en 1987 en Lyón por «crímenes contra la humanidad». Dos preguntas están presentes en la mente de todos: ¿Por qué razón «su brazo derecho, Touvier, responsable de las mismas «carnicerías» que Barbie, tiene que ser declarado «no responsable» frente a los testimonios de sus propias víctimas? ¿Los crímenes «contra la humanidad» sólo los perpetraron los alemanes? De los seis «crímenes contra la humanidad» presentados, el Tribunal de París tan sólo ha reconocido la responsabilidad de Touvier en la detención y fusilamiento de siete judíos pocos días antes de la liberación de Lyón. El veredicto le exime de responsabilidad por considerar que el Gobierno de Vichy no contaba «con la hegemonía ideológica» y se encontraba al servicio de los alemanes, olvidando que actuó como un gobierno de Estado colaborando con los nazis. 

Una justificación histórica que absuelve todas las responsabilidades francesas en los crímenes perpetrados durante estos cuatro años. Touvier, ferviente católico y convencido militante anticomunista, es un ejemplo claro de la guerra civil larvada que dividió a Francia durante la II Guerra Mundial. Por un lado, el Gobierno de Vichy dirigido por el mariscal Pétain, que solicitó el armisticio a Hitler el 16 de junio de 1940, pidiendo al pueblo francés su colaboración con el invasor. 

En respuesta a esta actitud «cobarde», el general De Gaulle lanzó el 18 de junio desde Londres su llamamiento a la resistencia. La milicia a la que pertenecía Paul Touvier, un movimiento paramilitar católico cuyo primer objetivo era exterminar el comunismo, se convirtió en la policía del Gobierno de Vichy, colaborando abiertamente con la Gestapo durante toda la ocupación, de 1940hasta la liberación de Lyón el 4 de septiembre del 1944. A partir de ese momento, Touvier entra en una semiclandestinidad, protegido por la Iglesia y la Policía. Lo que le permitió escapar a la Justicia durante 45 años, hasta el momento de su detención en un convento de Niza en mayo de 1989. En 1945 y 1947 fue condenado a la pena de muerte por sus crímenes. En el 47 fue detenido en París por la Policía acusado de participar en un complot contra la República, pero le abrieron las puertas de la comisaría y le ayudaron a escaparse.

Durante 25 años no cesó en su intento de conseguir su rehabilitación, recabando para ello la ayuda de las autoridades eclesiásticas, contando durante muchos años con la ayuda inestimable del antiguo arzobispo de Lyón Monseñor Duqueire, que llegó a ser responsable de la diplomacia del Vaticano. Este personaje consiguió que el presidente Georges Pompidou le acordara la gracia presidencial en 1971. 

Frente a esta voluntad redentora del Estado se crearon las asociaciones de víctimas de la deportación, con el magistrado Charles Libmann en cabeza. El fue el encargado de realizar las pesquisas, de recensar los testigos, de buscar las pruebas materiales para pedir la reapertura del dossier Touvier. Una labor minuciosa que ha durado 21 años y que puede quedar completamente aniquilada. La lista de crímenes perpetrados, dirigidos o cubiertos por Touvier es larguísima. Los testigos oculares, sus propias víctimas, son legión. Los franceses no desean perder la memoria, a pesar de que sean actos cometidos durante la II Guerra Mundial. El propio ministro de Cultura, Jack Lang, ha pedido a los profesores de Historia que «recuerden a todos sus alumnos lo que fue el Gobierno de Vichy».

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