09 abril 2013

Rapahel lo llena todo

En demasiadas ocasiones las luces, el éxito, la fama, no dejan ver a la persona que hay detrás del artista. No en el caso de Miguel Rafael Martos, Raphael, un hombre que, en su vida profesional y personal, de la que tengo la suerte de formar parte, ha demostrado que no es incompatible llenar escenarios y colmar corazones.

Desde que comenzó su carrera en el mundo del espectáculo, dándose a conocer como el ruiseñor de Linares siendo un niño, sus éxitos han sido continuos.

En España es uno de los cantantes de habla hispana más conocidos desde la década de los 70, éxito que se ha hecho extensible a muchos países, especialmente los latinoamericanos y Rusia. Pocas personas pueden arrastrar el manto de púrpura durante tanto tiempo y con tanto afecto.

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Este reconocimiento internacional no es fortuito, sino fruto del trabajo y de las cualidades únicas con las que Dios y la Naturaleza le dotaron. La dedicación a su profesión y su pasión, la música, es una de sus señas de identidad. Raphael es incansable como artista, un luchador nato. Sabe que la gloria en las listas de ventas y en los escenarios es pasajera cuando no se sustenta en el esfuerzo.

Su nuevo disco, El Reencuentro, y la gira de conciertos para presentarlo es una muestra más de que sus ganas por dar a conocer su música y arte siguen intactas tras 326 discos de Oro, 49 de Platino y el único de Uranio entregado en el mundo por ventas de más de 50 millones de copias.

Pero tras las impresionantes cifras se esconde una no menos fascinante persona.

Circunstancias de la vida y del amor entre nuestros hijos han hecho que nuestra relación de amigos haya llegado a ser familiar y, por lo tanto, más intensa. Una suerte por mi parte porque gracias a ello, además de su música, puedo disfrutar de su persona.

Sus logros profesionales no son menores que los personales. Los problemas de salud que tuvo que superar demuestran que su fortaleza no reside sólo en su voz.

Tuve la suerte de conocer a Raphael a través de Natalia, su compañera y su apoyo de toda la vida. Inopinada e inesperadamente obtuve su apoyo político personal en un momento en el que mi partido se tambaleaba y, a contra corriente, ganamos las elecciones en Castilla-La Mancha.

Lo que fue un acercamiento inicial de mera cortesía ha quedado soldado con unos lazos de afecto y estima familiar imperecederos. En Raphael tengo un consuegro excepcional y un entrañablemente amigo y los españoles tenemos un artista de esos que, en un siglo, no nacen más de tres.

José Bono es ex presidente del Congreso.

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