18 enero 2013

Kim Bassinger y el telesexo

Esperabamos las televisiones privadas como la epifanía de la democracia, como la verdad revelada, como la política, por fin, a braga quitada. Pero resulta que quien se quita la braga es Kim Bassinger. Sí, lo de Kim Bassinger ha sido un desbrague estatal, ya lo sé, pero es que, ante la estampida de sexo, droga publicitaria y rock and roll/lambada que han iniciado las cadenas privadas, TVE ha tenido que aggiornarse y meter su porno light en horas, días y canales familiares, morales, hogareños, domésticos, infantiles incluso. Toma ya Kim Bassinger para toda la familia, que después de la peli había cola de abuelos en la UVI, con el aviso de infarto. Y después del light vendrá el pomo duro.

Ya nos invadió una ola de erotismo cuando Suárez, que Dios le bendiga, legalizó el destape y a Santiago Carrillo, y no contábamos con esta segunda ola, que nos coge ya un poco mayores y la santa con los rulos. Lo contaba Pemán en un artículo, hace muchos años: cuando se inventó el disco algunos pensaron que iba a ser emocionante conservar para siempre la voz de los grandes hombres o, sencillamente, de los padres de uno, ya muertos. Pero luego resulta que sólo se conservó la voz de Antonio Machín. Quiere decirse que la ciencia y la técnica no paran de mejorar la humanidad con sus inventos, pero luego nosotros los frivolizamos.

Es como lo de los trasplantes. Uno ve en los trasplantes una especie de resurrección de la carne aquí y ahora, pero ocurre que lo que más se trasplanta son penes y vaginas. Bueno, pues yo no digo que me hayan decepcionado las nuevas televisiones, ni las que van a venir, con su filosofía de amor y lujo, porque, como bien dice Román Gubern en este mismo papel, hay que hacer el amor de los tiempos del SIDA. (Lo cual que el título de García Márquez está plagiado de un libro como del XVIII, me pareceno me voy a levantar a mirarlo-: «Pasión en los tiempos de este»). Quienes se han frustrado y «traumado», como dicen hora quienes no saben decir raumatizado, son los eternos descontentos que esperaban una información política libre, abundante, plural, rica y excitante.

Pero ocurre que la información es la mercancía más cara del egocio periodístico y que, hasta hora, los barones/berlusconis de a cosa no le dedican demasiado tiempo a eso, porque, aparte los recios, está clara la voluntad de hacer una televisión comercial, na televisión/espectáculo, que la política no vende tanto como creemos y Kim Bassinger siempre vende. Sólo la televisión estatal está en condiciones de carrear una información mundial y puntual, aunque luego, naturalmente, la recicle a su manera, como por otra parte harán las empresas privadas, que detrás de un holding hay siempre una filosofía política.

Ya dijo Antonioni que «todo millonario necesita un intelectual».Incluso el millonario von Thyssen ha encontrado su intelectual en Espartaco Santoni. Todo está dentro, pues, de la nueva teología epicureísta del milenio. Hasta el Barclays Bank ha puesto unas colgaduras en Colón anunciando su 13%. Ya he citado alguna vez la frase de Oliver Stone, según la cual «el dinero es el sexo de los 90». Uno le daría la vuelta a la frase: el sexo es el dinero de los 90. Quiero decir que el sexo es ya mercancía, cultura, publicidad, pedagogía y relaciones públicas. El sexo, incluso, a veces es, simplemente, sexo. Hace mucho que estamos en la literatura/espectáculo, y ahora entramos, por fin, en la televisión/espectáculo.

De la cultura del espectáculo hemos pasado a la cultura espectacular, que es otra cosa. Acaba de celebrarse en España un gran congreso de historia de la Lengua, pero Celaya, Alfonso Grosso y tantos otros envejecen pobremente. Prima y priva el espectáculo, que otras veces hemos llamado Acontecimiento. Y lo fuerte es que el Acontecimiento/Espectáculo lo auspicia el Poder.

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