22 septiembre 2012

Mi padre fue siempre Gary Cooper


«Éste es José. Yo soy su padre. Cuando caiga Santander yo seré fusilado. Por favor, quienquiera que encuentre a mi hijo, que cuide de él en mi lugar.» José tenía unos tres años y esta nota, escrita a lápiz, en el bolsillo. Era un día de invierno de 1937, en la estación de tren de Puigcerdá. El crío, perdido entre cientos de refugiados, le dio la nota a un hombre de piel clara, frente amplia y pelo rojizo peinado hacia atrás. Era un reportero inglés que escribía para el News Chronicle. Se llamaba John Langdon-Davies y se tomó en serio el encargo de aquel republicano que abandonó a su hijo porque sabía que iba a morir. En unos meses, José vivía con otros 200 niños en la primera colonia que el periodista puso en marcha para los hijos de la Guerra Civil. Hoy, la organización que creó para cuidar de José se llama Plan y es una de las ONG más importantes del mundo, que apadrina a más de un millón de niños.

Pudo ser porque John Langdon perdió a su padre a la misma edad que José. Pudo ser porque aquel padre a quien apenas conoció -un predicador que marchó a Sudáfrica para abrir allí la primera escuela pública- le dejó en herencia su sentido de la aventura y la solidaridad. O, simplemente, porque el niño que sostenía la escueta nota le conmoviera. El caso es que el corresponsal extranjero decidió intervenir. «Fue un idealista muy ligado a las visiones utópicas del socialismo no marxista, especialmente de William Morris, que vivió intensamente todas las pasiones y convulsiones políticas de los años 20», explica Miquel Berga, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra, biógrafo del periodista y escritor inglés. Y, como sus compatriotas Gerald Brenan en Granada y Robert Graves en Mallorca, él encontró en los Pirineos catalanes su Arcadia particular.Durante los años 20, vivió en Cataluña largas temporadas. Así que, cuando el 6 de agosto de 1936 llegó a Puigcerdá con una moto del periódico, su hijo Robin montado detrás y una carta de recomendación del cónsul español en Londres, conocía bien el país y a sus habitantes.

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