20 agosto 2012

Emma Stone y Fernando Esteso

Que se separa Fernando Esteso, de su señora, o sea. Lo trae el «Diez Minutos», que es el Boletín Oficial del populismo español y marchoso.

Esto sí que es la pérdida de los valores, la caída de las esencias. Esto no hay Maastricht que lo pare. Fernando Esteso y Lina Morgan son los reyes católicos del humor decente y de derechas, la gracia para familias y el chiste de los domingos por la tarde.

Con ellos ha reído y ríe nuestra pequeña burguesía honestamente, sin tener que ir a confesarse el lunes. Son, ellos y algunos otros que diré, el buen humor español, provinciano y católico de toda la vida.

En ellos nos mirábamos, ellos nos traían y nos traen la alegría sana, y no esos surrealistas de Tip y Coll, que no se les entiende nada y encima uno de ellos es rojo. Pero ahora ocurre que Fernando Esteso, con más de veinte años de matrimonio, se separa de su santa, doña María José, sin reparar en el vínculo ni en los hijos.

A uno esto le parece más grave que la caída de la peseta, el cese de Mariano/Banco y el sí o el no a Maastricht. Desalojadas las esencias del discurso político, con la democracia, se han refugiado en el humor, Esteso y Lina Morgan, Juanito Navarro y Pepe da Rosa, todos esos graciosos de mierda y garrota que salen por la cadena nacional, en horas privilegiadas, contando chistes de pueblo o chistes de sacristía, son los dos géneros que manejan. Ya el maestro Mihura me decía que eso no son humoristas, sino payasos, «humorista soy yo, Umbral«. Por no hablarles del malogrado Martínez Soria (malogrado pese a haber muerto casi centenario). 

Cuando entonces, o sea el cuarentañismo, las esencias residían en el Estado, la Nación, el Jefe, la Patria y el Boletín Oficial. Ahora, desde que vinieron los rojos, las esencias residen en los caricatos, las folklóricas y el «Diez Minutos» Por eso me parece grave que estos grandes de la risa sana, del jipío decente y el faralae honesto, que estos hombres y mujeres que son la encarnación de una España facilona, procesional, comulganta, de misa diaria y chiste de retrete, que estos símbolos nacionales empiecen con el desparrame de los divorcios, las separaciones y los malos ejemplos. Todo eso era cosa de los cómicos progres, las actricillas rojas, los humoristas que no se les entiende y Emma Cohen. Ocurre que mientras Coll, que es socialista y amigo de Felipe González, sigue casado con su santaza de Cuenca y de toda la vida, Esteso, que es de derechas, va y se separa.

Ni la corrupción ni la devaluación ni la inmigración ni el paro ni el narco de la jet me dan a mí el síntoma de la descomposición de este país como el divorcio de Esteso, porque Esteso era la alegría de las personas decentes, el grillo del hogar en su jaula de la tele, cantando para als familias bien avenidas en torno a la sopera avecrem. Pero ese avecrem moral del humor televisivo, teatral, racial, nacional, parece que empieza a disiparse. Si se divorcia Fernando Esteso, ¿qué de malo tiene Anthony Perkins muera del sida y Espartaco Santoni vaya por su cuarta o quinta esposa? Aquí nos conocemos todos y sabemos quiénes son las putas y quién las decentes, quiénes hacen el oficio de rojos y folladores y quiénes han nacido para padres de la patria o padrinos de la grande y perpetua boda nacional. Lo que no puede ser es que se confundan las cosas y que Esteso se divorcie y Charo López se niegue a sacar una teta en una película. 

Así volvemos a la confusión, el volterianismo y el 18 de julio. Uno sabe que el divorcio de Esteso es más desmoralizador y disolvente para las manijas nacionalcatólicas que el famoso polvo de Sharon Stone, porque eso pasa en el extranjero. Si la derechona, que se quedó hace mucho sin ideólgos, se queda ahora sin graciosos ¿cómo van a ganar las elecciones?

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