30 agosto 2012

Cuando lo vulgar triunfa


En la portada de su primer album escribieron que eran la primera de todas las bandas de soul porque daban parte de su corazón en cada surco del disco. Los artistas, ya sabemos, tienen que ser un poco autocomplacientes. 

La modestia vende mal en el negocio musical. La exageración, sin embargo, produce risa. Wet Wet Wet deben creer firmemente en sus bondades y cualidades artísticas. Sin embargo, su espectáculo de soul negro recuerda aquello de los japoneses haciendo flamenco. Les falta pasión, color, vigor. Técnicamente, su sonido puede resultar irreprochable. La austeridad emocional del momento la combaten con el socorrido truco del estremecimiento vocal. Y hasta en eso, a veces, no llegan. A juzgar por lo oído, lo suyo es el trabajo en estudio. Sus discos son fáciles de digerir. Sus canciones no tienen emoción pero son ejecutadas con técnica. En sus álbunes, «Popped in, souled out», «The Memphis sesions» y «Holding back the river» se han rodeado de invitados y versiones. 

Eso puede ser un mérito pero no un argumento. La escenografía estuvo, en ocasiones, por encima del espectáculo musical. Aparte de las lucecitas blancas cara al respetable que tanto ayudan a los aplausos. El volumen, como viene siendo habitual en todos los conciertos, excesivo. Hace unos días se presentaron en España, Spandau Ballet. Los dos grupos comparten un mismo tipo de público y una misma práctica de pop bailable y edulcorado. Mientras que Spandau Ballet andan de retirada, Wet Wet Wet coleccionan éxitos. Han llegado al mismo punto desde muy diferentes orígenes. Spandau, que sólo triunfan en España e Italia, desde el glamour de los club londinenses. Wet Wet Wet admirando a estrellas del soul y escuchando rock de su país, Gran Bretaña. Tiene gracia que la parte más aplaudida del concierto correspondiese a las versiones. Especialmente con el «With a little help of my friends» de los Beatles. Hay orquestas de baile que interpretan en todo tipo de fiestas canciones muy conocidas. 

El público también lo pasa bien. Debió ser sólo una mala noche. Sus biografías oficiales cuentan de sus éxitos multitudinarios en directo. Se ve que el público cada vez pide menos.

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