15 julio 2012

Bob Dole nadando contra corriente

Vuelven los tiempos oscuros, la caza de brujas, el «macartismo» más recalcitrante que condena a la hoguera el séptimo arte. Bob Dole, candidato a presidente de los Estados Unidos de América y portavoz de la cruzada neoconservadora, acaba de sacar el hacha de guerra contra Hollywood, «factoría de pesadillas y depravación», utilizando sus propias palabras, que por supuesto han provocado la ira unánime del mundillo del cine.

No conforme con proclamar su anatema, Dole reveló por primera vez en público su personal «lista blanca», y también su «lista negra»...

Películas que atacan los fundamentos morales del «imperio», proscritas sin reparos: Asesinos natos, de Oliver Stone, y Amor a quemarropa, guión de Quentin Tarantino. Filmes que respetan los valores de la familia americana, aptos para todos los ojos y oídos: El rey León, Santa Clause, Los Picapiedra, Forrest Gump y -sorpresa, sorpresa- Mentiras arriesgadas (la violencia de Schwarzenegger, distinguido militante republicano, es menos violencia).

Stone y Tarantino, por la cuenta que les trae, se han erigido en paladines de la resistencia. Callan como hienas: Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stalone y Bruce Willis, abanderados del trasnochado espíritu republicano y sin embargo protagonistas de películas que derrochan olor a pólvora.

«Hemos llegado a un punto en que nuestra cultura popular amenaza con dinamitar nuestro propio carácter como nación», que dijo Dole, y se quedó tan ancho.

Entre la audiencia selecta en la convención republicana de Los Angeles, total ausencia de estrellas. Excepción hecha de Bo Derek, la chica 10, con un discretísimo escote a tono con los nuevos vientos que soplan.

A continuación, el presidenciable hizo pública su particular lista de películas prohibidas, aunque luego reconocería en un aparte que no había visto ninguna de ellas y que su única referencia eran las críticas.

Según Dole, Asesinos natos y Amor a quemarropa son un ataque directo contra los principios que inspiran la nación americana, «apologías de la violencia indiscrimanada y del sexo sin amor».

«Bob Dole es el nuevo McCarthy», disparó en propia defensa Oliver Stone. «Sólo un hipócrita puede culpar a Hollywood de la violencia de nuestras calles y oponerse sistemáticamente y al mismo tiempo al control de las armas».

Quentin Tarantino tampoco ha querido quedarse corto: «Es el viejo y manido argumento: cuando hay un problema en la sociedad, se culpa a los guionistas».

«Me dan risa los comentarios de Dole -añade Tarantino- sobre todo por la ingenuidad con la que descalifica películas que ni siquiera ha visto. ¿Cómo se le puede tomar en serio? En fin, le devuelvo el favor y procuraré hacer como si nunca le hubiera oído».

Los altos estamentos de Hollywood también han montado el cristo. Thomas Pollock, presidente de la productora MCA, respondió a la ofensiva republicana: «No vamos a cambiar de estrategia: jamás haremos películas para complacer al Congreso. Haremos lo que nos demande el público y lo que le llegue a la gente».

Desde que lanzó su anatema el miércoles, Dole no ha vuelto a decir esta boca es mía. El paso en falso del presidenciable, comparable con el que dio Dan Quayle en 1992 ante la misma audiencia, le ha convertido en el enemigo público de Hollywood, que nunca, ni en tiempos de Reagan, rindió pleitesía al credo republicano.

Aun así, hay quien ha creído ver en el singular ataque contra la «moral depravada» de Hollywood un anticipo de lo que se viene encima, un preocupante «trailer» de lo que le espera a Norteamérica cuando el elefante republicano se estrene en la Casa Blanca.

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