21 mayo 2012

Jane Birkin una inspiración japonesa

Más de dos décadas después de morir Serge Gainsbourg, todo un ritual en su honor se llevó a cabo ayer en el Instituto Francés de Madrid. Redundando en su afición por la estética andrógina, Jane Birkin salió a escena con un traje masculino informal (sin corbata), imbuida por el espíritu de quien fue su gran amor, su maestro, su inseparable compañero de viaje durante 12 años, su alma musical.

Arrancó la velada con Requiem pour un con y Tombée des nues, antes de un barniz jamaicano para Di doo dah o de momentos tan solemnes como Vie, mort et resurrection y la leve inspiración en Chopin de Jane B.

A sus 65 años de edad, la cantante británica más francesa se volcó a la hora de fusionar las piezas maestras del genial compositor con el acompañamiento de un exquisito cuarteto japonés.



El caso es que la voz susurrante de quien escandalizó a media Europa a finales de los años 60 con el himno de libertad sexual Je t'aime... moi non plus se ha asociado con el pianista Nobuyuki Nakajima en una gira internacional un año después del tsunami y de la catástrofe nuclear de Fukushima. Su intención: aliviar al pueblo nipón con los mensajes del inolvidable Serge Gainsbourg.

La colaboración, además, dará pie a un próximo álbum juntos. Se trata de Une petite fille, una obra que se editará el próximo agosto y tratará de «curar los traumas» ligados al desastre del que aún busca reponerse el aparentemente infalible de país retratado en la película Lost in translation.

Semejante sustento proporcionó a la diva irredenta las delicadas texturas instrumentales que necesitaba, con arreglos en clave jazzy y su timbre vocal encandilando al entregado público (esta misma tarde se celebrará un segundo concierto).

Desgranaba Jane Birkin la poesía imperecedera del atormentado Serge en forma de Les amours perdues, Haine pour aime o Les dessous chics. Y, por supuesto, no podía faltar La chanson de Prévert. Melodías de ensueño para una tarde-noche especial, sólo empañada por ciertos instantes de monotonía.

Mientras tanto, esta mujer infatigable prepara su retorno al séptimo arte con Venido al mundo, del italiano Sergio Castellito y con Penélope Cruz como compañera de reparto. Un nuevo título para la intérprete de La piscina, Daddy Nostalgie o La bella mentirosa.

Por cierto, su hija Charlotte Gainsbourg, respetadísima por la modernidad indie, también actuará en Madrid este año. La actriz y cantante francesa, nacida Londres como su madre, aterrizará en España el 27 de junio junto a su nuevo socio, Conan Mockasin, un atormentado cantautor neozelandés que destaca por su maestría a la hora de mezclar en sus canciones lo inocente y lo psicodélico.

En cuanto a la inspiradora vena japonesa de Jane Birkin, resulta que no es la única en el panorama pop de hoy.

El maravilloso grupo estadounidense Pink Martini se entrega a una suerte de altar exótico (no exento de elementos kitsch) en su nuevo álbum, 1969 (Naive), que verá la luz el próximo martes al lado de la desconocida -por estos lares- Saori Yuki. Una cantante que Thomas Lauderdale descubrió por casualidad en una tienda de vinilos de Portland (Oregón), la ciudad de esta inclasificable banda.

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