28 mayo 2012

Casillas está siempre en el lugar adecuado

Viene de sufrir... y disfrutar una de las temporadas más complicadas de su ya dilatada carrera profesional y de salirse una vez más con la suya. Con la suya y la de veinte compañeros más que buscaban romper la hegemonía del Barça en la Liga con la misma ansia del que ahora busca trabajo desesperadamente.

Ya está. Lo consiguió. En la veraniega noche madrileña, con el Bernabéu a media luz, otro trofeo sobresale de su mano derecha que se apoya en su izquierda porque estas copas del siglo XXI siguen pensando lo mismo que las del siglo pasado. Se dio un baño de madridismo en La Cibeles y ahora ya se ha puesto la camiseta de La Roja.



Lo suyo es hacerlo todo con las manos. Parar penaltis. Despejar de puños. Levantar trofeos... Bueno, de vez en cuando saca una de sus piernas, rodillas, tobillos o dedos de los pies a pasear y es capaz de despejar balones como aquel de la final del Mundial a Robben. ¿Se acuerdan? El gol de Iniesta no hubiera tenido su valor en oro macizo con forma de Copa del Mundo, sin ese toque suyo con la pierna derecha. Era gol o gol. Fue córner por obra y gracia del gran capitán. De Iker. De Casillas.

Del portero al que siempre se le espera. Que nunca falla cuando no tiene que fallar. Que siempre está donde tiene que estar en el momento oportuno. A la hora de la verdad. De la moneda al aire. "¡Que buena pinta tiene ese chaval!", exclamó Fernando Hierro cuando le vio por primera vez entre los tres palos cuando tan sólo tenía 16 años. Con el tiempo, ese chaval se ha hecho un hombre y ahora Hierro lo único que puede decir es: "Yo no le he visto fallar nunca jamás en los grandes partidos".

Ese chaval al que Camacho mandó al frente en una tarde de junio de 2000, nada menos que en tierras suecas, para que estrenara una camiseta que ahora es la más usada de toda la historia del fútbol español. El chaval ya es un hombre con personalidad y mando en plaza. Además de portero, es capitán. Y además de parar, dialoga, organiza, representa, ejerce de un brazalete que el nunca pensó llevar.

"Cuando comenzaba, creía que un portero no debía ser el capitán del equipo. Había visto muchos partidos por televisión de Arconada y me resultaba extraño que para hablar con el árbitro o decir cosas a sus compañeros tuviera que salir corriendo de la portería. Ahora ya me he acostumbrado. Y hay tantas veces que me gustaría salir corriendo...".

Cuando Luis Aragonés, con Raúl ya fuera del equipo, le dijo que iba a ser el capitán. Sonrió y asintió con la cabeza. "Sin problemas, míster". Ese fue un paso decisivo en su carrera. Comenzó a pensar en equipo. A llevar a la práctica lo que él pensaba que debía ser un capitán moderno y lo que había aprendido, ¿por qué no?, de Hierro y de Raúl sobre todo.

Desde entonces, con Luis Aragonés primero y con Vicente del Bosque después, Iker Casillas sabe que, como en su club, tiene más obligaciones que las propias de la portería. Sabe que cuando un grupo campeón de Europa y campeón del mundo está camino de romperse por las refriegas de sus componentes al defender sus respectivos clubes, tiene que coger el teléfono, llamar a sus colegas Puyi (Puyol) y Pelopo (Xavi) y decirles que una aventura tan maravillosa como la que está viviendo La Roja tiene que estar por encima del bien y del mal. Y así afronta esta Eurocopa. Con la seguridad que le concede haber sido muchas veces Iniesta. En aquellos penaltis contra la República de Irlanda en Corea y Japón, en la tanda decisiva contra Italia en Viena, como en Johannesburgo frente a Robben.

Con Casillas detrás, la Selección se sabe en buenas manos. No es un tópico. Es una realidad, porque este ya hombre de 31 años tiene un ángel de la guarda que nunca le abandona y siempre le protege. Tranquilos. Tenemos a Casillas.

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