30 abril 2012

Tesoros que nos esperan bajo las aguas

Javier Licandro, Alberto Rubiño y Remon Cornelisse son los tres investigadores Ramón y Cajal que terminan su contrato con el Instituto Astrofísico de Canarias (IAC) este año. Todos dirigen grupos de investigación, lideran proyectos internacionales y están entre la élite mundial de su campo de trabajo. Y ninguno de ellos sabe qué será de su vida cuando acabe el acuerdo con el IAC. 

«Tendré 46 años cuando termine mi contrato en 2012», explica Licandro. «Ante el compromiso de estabilización del programa Ramón y Cajal compré una casa. Ahora tengo más edad, familia y una hipoteca. Más que irme a investigar fuera, me planteo poner un negocio de turismo. Lo que han conseguido es que no quiera seguir, no me apetece hacer nada, no duermo por las noches». 

El IAC es un instituto líder en el mundo en Astrofísica, y así ha sido reconocido con el distintivo Severo Ochoa. Y a pesar de ello, los Presupuestos de 2012 le han recortado los fondos en un 17%, convirtiéndolo en el organismo público de investigación (OPI) más afectado por el tijeretazo. El director del instituto, Francisco Sánchez, aseguraba antes de la publicación de las cuentas del Estado que «el gran drama de los recortes es que, si no hay puestos de trabajo, se empuja a los jóvenes a irse fuera de España. Recuperarnos de esta sangría costará años, si es que se consigue», aseguró. 

«Obviamente, el IAC es un muy buen lugar para quedarse. Sin embargo, si la situación me obliga, me iré a un instituto en otro país. Por el momento, no sé qué va a pasar después del final de mi contrato», dice el científico holandés Remon Cornelisse. «España ha invertido mucho en mí. La inversión será en vano cuando me traslade». 
El currículo y el perfil de los investigadores Ramón y Cajal los convierte en la generación de oro de la ciencia española. «Estabilizar a todos los que hay en los OPI no supondría más de 40 o 50 plazas al año», asegura Alberto Rubiño, que dirige un bloque del satélite Planck de la ESA, la construcción de un telescopio y un equipo de 10 personas. «Me gustaría seguir aquí, pero si no hay visos de estabilización habrá que plantearse irse fuera», dice.

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