15 abril 2012

Resistencia ultraizquierdista en Marsella

«¡Mélenchon, sálvanos!», gritaba la muchedumbre entusiasmada que se dio cita ayer en la Playa del Prado. Bajo el sol mediterráneo, las banderas rojas comunistas y las pancartas llamando a la insurrección parecían fuera de lugar a orillas del mar, en el primer día de las vacaciones primaverales. Agitadas por ese mistral que algunos consideran el causante del violento carácter marsellés, formaban un extraño contraste con las tablas fluorescentes de wind-surf que poblaban las aguas de la corniche.

«¿Se habrán vuelto revolucionarios los surfistas?», ironizaba Pascal, camarero de Les Jumeaux, en la Promenade Georges Pompidou. A las 16.00 horas, poco antes de que el líder de Frente de Izquierdas (FI) subiera al escenario, su puesto de kebabs se vio obligado a dejar de servir por falta de género, a pesar de haber echo acopio de víveres en previsión del gentío convocado.

Pero la afluencia de militantes y curiosos superó ampliamente las expectativas más optimistas de la organización. Y es que Jean-Luc Mélenchon es la gran revelación de estas elecciones a la Presidencia de la República. Por eso cerca de 120.000 personas -según el partido- acudieron ayer hasta el litoral provenzal para participar en lo que el candidato del FI definió como «un ensayo general de la insurrección ciudadana».

«La preocupación de algunos candidatos es no asustar a las finanzas. Pero no es posible cambiar la sociedad sin enfrentarse con el poder del dinero», opinaba desde la tribuna Clémentine Autain, líder de la Federación por una Alternativa Social y Ecológica. «Mélenchon tiene la claridad de pensamiento y la franqueza para decir lo que nos indigna a todos. El viejo mundo se muere y hay un camino alternativo a la austeridad», añadió.

«¡Resistencia!», clamaba el gentío. Un elefante blanco de cartón piedra en mitad de la playa lucía una pegatina que rezaba: «Tomemos el poder». Pendones tricolores republicanos se entremezclaban con la enseña arco iris del movimiento gay y hasta con una banderola griega. «Grecia ha sido el laboratorio del FMI y del BCE», denunciaba el comunista Pierre Laurent. «Pero esto se acabó. Es hora de que el pueblo retome el timón de su historia y haga la revolución. Pero que no teman los ricos. Así como en el siglo XVIII le dejamos sin cabeza, ¡esta vez les perdonaremos la vida pero les quitaremos todo el resto!».

«Marsella la rebelde», saludó por fin la estrella de la tarde en referencia a la historia de esta ciudad indómita que jamás fue tomada por fuerzas enemigas. «Todos juntos», cantaba la multitud parafraseando ese himno balompédico que grabó Johnny Hallyday para la selección en la gala del Mundial 2002, adoptado aquí por las barras bravas del Olympique.

«No hay porvenir para nuestro país sin los beréberes del Magreb», soltó de primeras Mélenchon. «Francia no es una nación occidental sino mediterránea. Este mar representa la hermandad y la paz». «¡Trabaja y cállate!», anunciaba una sábana desplegada en la que alguien había dibujado un payaso y una metralleta. «Estos marselleses, siempre tan dramáticos», decía un simpatizante llegado desde Montpellier en uno de los 50 autobuses fletados por el FI.

Mélenchon terminó recordando que ayer era el aniversario de la República española. Luego entonaron puño en alto La Internacional y La Marsellesa.

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