13 febrero 2012

La princesa negra del pop

Se ha ido con la inequívoca firma de las divas, de forma prematura, endiosada, entristecida y golpeada por los años, diciendo adiós como otras grandes leyendas, en la habitación de un hotel de Los Ángeles. Su decadencia era vox populi, pero nadie esperaba que la muerte la encontrara tan pronto, a los 48 años y en una etapa de su vida en la que estaba tratando de volver a ser ella misma. 

Houston estaba invitada a la tradicional fiesta anual del productor Clive Davis, previa a los Grammy, que se entregaron la madrugada pasada. Pero nunca llegó. Se entretenía demasiado en el baño de su habitación del Beverly Hilton y no hubo más remedio que enviar a alguien de su cuantioso séquito para averiguar qué estaba pasando. 

Entró una mujer, la estilista que la estaba preparando para esa noche, y la encontró con la cabeza sumergida en el agua y los pies sobresaliendo por uno de los extremos de la bañera. Su grito de pánico y sorpresa provocó que entrara uno de los guardaespaldas de la cantante para sacarla del baño e intentar revivirla. Parecía un guiño a la película que le dio la fama. 

No sirvió de nada, ni tampoco la llegada de los paramédicos, que a eso de las 15.55 horas la declararon oficialmente muerta, una noticia que se propagó como la pólvora y que llegó hasta oídos de sus familiares en poco tiempo. Según TMZ, su madre, la cantante Cissy Houston, se puso histérica al descubrir lo sucedido, con el agravante de haber hablado con su hija unos minutos antes. 

Es de suponer que nadie le contó el show protagonizado por su hija el día anterior, haciendo el pino en la piscina y saltando por el lobby del hotel con un aspecto descuidado, con el pelo empapado -no se sabe si por agua o por sudor- y con unas cuantas copas encima, según el relato de algunos testigos. 

La cantante se había dejado caer por los ensayos de la fiesta de Clive Davis para darle unos cuantos y valiosos consejos al dúo formado por Brandy and Monica. Las saludó de forma efusiva, pero con manos temblorosas y gesticulando en exceso. 

Después, acudió al encuentro de su hija, Bobbi Kristina, a una zona donde estaban concediendo entrevistas varias de las estrellas que actuarían en la fiesta de Davis. Houston olía a alcohol y a cigarrillos, y uno de los miembros del equipo de los Grammy comenzó a inquietarse por el hecho de que la protagonista de El guardaespaldas no paraba de bailar detrás de las cámaras para hacer reír a Brandy y Mónica, una actitud que podía ser recogida en los medios por los periodistas presentes. 

Pese a su constante relación con el alcohol y la droga, la Policía todavía no ha podido confirmar de qué murió exactamente la cantante, una autopsia que podría tardar semanas, como en otros casos sonados, por ejemplo su colega Michael Jackson, fallecido en junio de 2009 de una sobredosis del anestésico propofol. Ahora se sabe que en la habitación de hotel de Houston también había fármacos. 

También conocemos que ayer se practicó la autopsia, de acuerdo con TMZ, pero que todo quedará pendiente de los siempre complejos exámenes de toxicología. Su cuerpo fue trasladado a una morgue de la ciudad en la madrugada del domingo, en una furgoneta de la oficina forense y rodeado de un batallón de fotógrafos y cámaras de televisión a su salida del Beverly Hilton. 

«No hay señales aparentes de intento criminal», indicó un teniente de policía, algo que vuelve a hacer pensar en las múltiples adicciones de la cantante de Nueva Jersey. La propia Houston, a través de su representante, había confirmado que volvería a pasar por un centro de rehabilitación, uno más en su largo historial de abuso de todo tipo de sustancias, tras su fracasado intento de regresar a los escenarios de forma convincente. 

Su última gira de conciertos, Nothin' but love, desembocó en una lluvia de críticas sin precedentes para la cantante, acusada de incoherente, sin aire durante las canciones y mascullando una jerga ininteligible para el público. Los primeros en verla actuar, en varios puntos de Australia, pidieron la devolución del dinero que habían pagado por sus entradas, y en Europa hubo que cancelar varios conciertos por los problemas de salud de la cantante. 

Aparte de esas actuaciones, la cantante de 48 años había decidido reemprender su carrera como actriz con Sparkle, que se estrenará -con una enorme expectación tras la muerte de Houston, es de suponer- el próximo 17 de agosto. Houston alcanzó a rematar el proyecto antes de su trágico desenlace, un remake de la cinta de 1976, basada en la historia de las Supremes. 

La cantante interpreta el papel de madre, Emma, y las dificultades para manejar el éxito de sus tres hijas en el mundo de la música, un papel casi autobiográfico de una mujer rodeada toda su vida de talento artístico. 

Bajo esa influencia y con mucho esfuerzo, la diva logró meterse de lleno en el mundo de la música y reventar las listas de éxitos a las primeras de cambio, con su disco Whitney Houston y el siguiente. 

La de Newark se despidió de su particular mundo como ganadora de dos Emmy, seis Grammy, una película taquillera como El guardaespaldas e inscrita en los libros como una de las solistas más importantes de la historia de la música con 170 millones de copias vendidas. 

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